El deje al hablar del huilense.

“No adquirió el dejo atropellado de los costeños ni el replante escandido de la Altiplanicie ni el cantarino del vallecaucano, sino la entonación casi quejosa de una dulcedumbre asordinada y cordial. De una dulcedumbre en que parece que el corazón humedeciera las voces de ternura al prolongar las silabas finales en uno como arpegio de puntos suspensivos”
Luis López de Meza